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Abr 28, 2022 | Historias | 0 Comentarios

Crónica II- La FIL, Para Enseñar A Besar La Tierra Firme

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Escrito por Belíe Beltrán

El domingo las calles mantenían huellas de la lluvia nocturna. La zona cercana a la Fortaleza Ozama arrancaba la jornada con camiones que iban y volvían, gente cargando faldones de agua o Frank Ceara parado en la acera como si esperara la llegada de Francis Drake en cualquier momento. Dentro de la fortaleza, una coordinadora se comía un guineo maduro, esperando iniciar la reunión.

Fuera, todavía se comentaba que Riccie Oriach no cantó Prima Tecata en su concierto de la noche. Llegaban como un sonsonete de lluvia los retazos virales de un poema que hablaba de prender chispas y de revolución. Son las nueve de la mañana y todos los celulares de todo el mundo han timbrado, notificado y armado su narrativa. Definitivamente, la Feria contradice las voces de quienes dicen que no pasa nada. En la calle El Conde se mezclan escritores de La Romana y de Puerto Plata. Hablan de publicar en redes para mantener la vigencia, de visitar las provincias y de escribir: Los escritores siempre hablan de lo mismo. Qué leen, que escriben y dónde hay alcohol.

Yaissa Jiménez junto a quienes participaron en su taller Cuerpo-slam: el Caribe y su natural slam.

Yaissa Jiménez junto a quienes participaron en su taller Cuerpo-slam: el Caribe y su natural slam.

La FIL se convierte en el caldo de cultivo de unas criaturas encerradas que salen a comerse el mundo. Horas más tarde le diré a Rey Andújar, cerca de un restaurante que suena a Arjona: “Como si la literatura le importara a alguien”. Él se reirá, dirá de mi humor negro y hará la presentación con Andrés, un narrador En Espacio Joven, Erick Mota, le cuenta a una estudiante de sociales, por qué hace ficción especulativa. Ella cita un artículo en el que el narrador dice “en Cuba no hay elfos”. Cuenta de la tradición Yoruba, mezclándose con inteligencia artificial y todas las posibilidades que lo Cyber Punk puede tener con los ritos caribeños. Y pienso que sí, que tiene razón. A la larga, da igual que sea una dominicana graduada del MIT o un ingeniero de INTEC, hay unas corrientes de santería y espiritismo en el lenguaje. Existe este determinismo cotidiano en la lengua. Sin importar el credo, aquí solo dios sabe. Y mientras, Erick dice: “Mi abuela era médium”. O sea, servía de vehículo a los santos en los candomblés. Entre tanto, ese determinismo se cuaja con el nihilismo isleño. Alexéi Tellerías lo resume cuando le cuenta en la tarde a dos ciegas que lo ven con admiración: “Los dominicanos inventamos el Deja Eso Así”. Y al devocionario del caribe se le ha unido la resignación. La Feria arrastra este aire de, “por lo menos tenemos feria”. Y quiero sumarle al “Deja eso así” de Alexéi. Digo que el nihilismo dominicano se resume en: “Total, mierda to”. Erick concluye su conferencia. Previo a él, Yaissa Jiménez había dicho en un taller de Poetry Slam, que todos en el Caribe tenemos gestos que son poemas. Torció la boca, encogió los hombros y enseñó a un ex viajero en yola cómo se besa la tierra en un escenario: Como si a alguien que miró el Mar Caribe a los ojos, hay que enseñarle a besar la tierra firme.

Yaíssa Jiménez junto a parte del equipo de Espacio joven. 

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