Rio Sena

El río Sena se ha tragado mucha poesía pero escasa como la de Celan. Segmentar la obra del rumano es como llover sobre los dedos dudosos de Glenn Gould interpretando una variación de Webern. En este capítulo de la vida sobre el desglose de la imperforable obra del poeta en caso nos veremos con los ojos.

Tanto Gadamer como cualquier biografía de youtube o anonimato de wikipedia afinan el hecho de que Celan en su obra al acercarse a su nicho de agua apremia el silencio, el tacet, o a una suerte de staccato en el uso de los versos y las palabras. Esta perforación formal no deja de ser un graneamiento. Ese cálculo del estilo a viso de Hegel no deja que el graneamiento sea su opuesto nada más, si no, que se vuelve la validación de su sensatez como graneamiento. Esta perforación formal no es diferente a los demás sentidos, en el sonido (que es un engrane unívoco en toda poesía), tanto como en el tacto de nuestros aparatos oculares. 

De ojo en ojo pasa la nube, como Sodoma hacia Babel:

como fronda destroza la torre y brama cn redor del zarzal de azufre.

Aquí, en el principio de su haber publicado, el poema Marianne nos muestra un Celan utilizando la palabra «ojo» con su semántica más inmediata. Como divisador y detallador de hechos factuales. Infaustos pero factuales. 

En el estudio musicológico «Ojos hablados hacia la ceguera» la música Beaty Perrey analiza una obra de Gyorgy Kurtag sobre un poema de Celan. «El servicio al sin sentido, el ruido y el silencio son característicos de los post segunda Guerra Mundial». No es indiferente este rasgo dentro de las artes. Adorno dijo que escribir poesía después de Auschwitz es un acto de barbarie. Lo que eleganta mucho los tartamudeos de bombas, el serpenteo de fosas, la claridad de humos que van a ser la tinta del altísimo. 

Volviendo a Gadamer, este en su análisis a “Cristal de aliento” dice que si bien un poeta puede decirnos de qué va el poema, no deja de ser, y cito la frase: una ayuda peligrosa. Aunque la irrupción de mi voz en la de las formas del hermes de Gadamer son dispares, no llamamos a pérdida que puede subyacer alguna verdad viciada, o viciante en el contar-: “de que va la obra o de que no”. Todas las herramientas de la forja de Hefesto nos impelen a beber de la negra leche del alba de Celan. 

Hefesto

Ahora, para verdades los devotos, mi labor es la ciega. Los hechos, que están hechos de guadañas, nos declaran como un poema como este:

OÍ DECIR

Oí decir que hay

en el agua una piedra y un círculo

y sobre el agua una palabra

que en torno a la piedra el círculo tiende.

Vi mi chopo descender al agua,

vi cómo su brazo garfeaba hacia el fondo,

vi sus raíces hacia el cielo implorar noche.

No lo seguí a prisa,

recogí solamente del suelo aquella migaja

que tiene de tus ojos forma y nobleza,

te quité la cadena de adagios del cuello

y orlé con ella la mesa, con la migaja entonces.

Y ya no vi mi chopo.

Este poema, aunque no de sus últimos, de Rosa de Nadie, se vale de la sensibilidad del oír y del ver. Lo arcanamente firme como una piedra (elemento vasto y constante en su odre) con elementos tan fugaces como el círculo o la palabra. La falta desdeñosa de ánima en «No lo seguí a prisa», y la humildad descalabrada en recoger a penas una migaja que tiene de sus ojos la parte física «forma» y la heráldica abstracción europea «nobleza». Entonces el poema deviene en una crueldad elegante. Decorar una mesa con el tesoro que cuidaba una muerte y la labor del álamo se perdió de su contemplación. Un solo poema que guarda enormes conjeturas naturales. Que se busca en el agua. Con piedra y círculo, con religión tal vez, porque la palabra estaba sobre ella. Y las raíces del álamo, inverso viaje hacía el vértigo de la noche. 

«Lo barbárico, después de Auschwitz, sería abandonarse a la cadencia eufónica de las palabras, a la autorreferencialidad del discurso poético, a la proliferación del lenguaje como mero significante», dice Ricardo Ibarlucía. Cuando ya el ruido es una norma, las vanguardias toman mejor sentido de la cuenta. La subversión de la tersura. Ergo, se granularían las atenuantes voces, párvulas e intrépidas de la repetición del candor. 

Levinas lo pone de otros modos pero con igual tino, según él, Celán dijo que no veía diferencia entre un poema y una trompada. La trompada siendo un cielo sublime que va rodando y cayendo por la desgracia de la carne en un enjutamiento de la ira contra el espacio. En otro acápite Levinas sigue, «¿No sugiere él más bien una modalidad distinta de aquellas que se alojan entre los límites del ser y del no-ser? ¿No sugiere acaso la poesía misma como una modalidad inaudita de otro modo que ser?». Dándole un pelo de gracia griega para entender el nouménico deber de la poesía y en la cosa en sí que es al planear sobre la obra de la poesía. Y la creación. El exterminio de la ceniza nos puso a pensar. Los traumas germanos, y tan nuestros. Qué son nuestros ojos más que pesadillas en alemán? Garraspermas inentadas que se acuestan más allá del Yo y el Otro. 

¿Y soportas tú, madre, como antaño en casa,

ay, la rima, suave, dolorosa, alemana?

La misión última se intuye y se lee por casi todos lados, es la destrucción del lenguaje, aquel heraldo que nos asumió en el drama. 

escribe el infinito doble

lazo a través de los

llameantes

ojos-cero,

 Este fragmento del poema La Música Hendida del Pensamiento como engarce a la idea de hacer arena la semántica del ojo, mediante la imagen, el signo se atropella voltado a cifra. Ya minando el hospedaje. La salvaje forma en que lo eterno está en la mirada, el lazo moebius, los guarismos. 

ST

Un paVo real-mente

hace, mps,

SieTe ruedas:

o

oo

ooo

O(h) 

Por último,, en  ST (hermoso nombre para un poema) el cántaro se caligrama, se huidobra, y afila los pormenores de la sustancia hacía el mero sonido. Con un pavo real como protagonista. Mil ojos de la india mirándonos y cómo se aperpleja al final la cola del poema. Con círculos, infinitos, huecos de nichos de guerra. Con una vocal abierta que bien podría ser. Un Ojo.

Ricardo Cabrera

Ricardo Cabrera

Santo Domingo, República Dominicana, 1983. Poeta y escritor. Licenciado en Letras por la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Maestría en Planificación y Gestión Educativa (UCSD). Ha sido corrector de estilo, editor, asistente bibliotecario, traductor, docente, creativo.  Miembro fundador del Taller de Narradores de Santo Domingo; cofundador de la revista RL de estudiantes de letras.  Fundador del Círculo Literario Ropa Sucia. Ha publicado: ¡Siéntese pintura fresca! colección de poemas, incluido en Esto no es una antología: Palabras que sangran de El Arañazo Colectivo Literario (antología, Ediciones Ferilibro, Santo Domingo, 2012); Viñetas Ojepse (poemas, e-book, Luna Insomne Editores, 2013).  Sus textos aparecen en antologías nacionales e internacionales tales como: 4m3r1c4 Novísima poesía latinoamericana (Ventana Abierta Editores, Santiago de Chile, 2010). Hacia Yukahú, (poemas, The Zompopos Project, 2017). Oro Mustio (poemas, Amargord  ediciones, Madrid, 2018). Su producción literaria ha sido reconocida con los siguientes premios: Primer Lugar, Concurso de Literatura Deportiva Profesor Juan Bosch; Premio Nacional Estudiantil de Ensayo, Ministerio de Deportes, Educación Física y Recreación, 2009; y, Primer Lugar (poesía), Certamen Nacional para Talleristas del Sistema Nacional de Talleres Literarios, 2011. Primer Lugar en el III Premio Nacional de Poesía Joven de la Fundación Cultural Lado B. 2018.