Oyendo música a vuela pluma

Villa Juana

Una columna me ha pedido Belié (Beltrán), una columna donde quiere que exprese mis comentarios sobre la música que estoy oyendo y que he oído. Pues esta es la primera. Pero antes de empezar esta conversación tenemos que tener claro algunas cosas. No toco ni las puertas. Carezco totalmente de oído musical para cantar aunque me defiendo bailando merengue y salsa, por tanto lo que oiremos aquí será puramente desde el punto de vista del oyente. Un oyente que discrimina muy poco, acercándose a la melomanía omnívora. Podríamos parafrasear al personaje famoso de Cuquín Victoria: “predisione atrolójicas y horócopo pelsonale para loj nacidoj entre Silvio Rodríguez y Iron Maiden”. 

La música ha estado en mi vida desde que tengo uso de razón. Crecí en Villa Juana, un barrio que como todo el Caribe, suena (Luis Rafael Sánchez dixit) y los sonidos que me acompañaron iban desde la “música de amarge” de José Manuel Calderón a Bob Marley, pasando por The Platters, Elvis y Monk (mi madre), soca, calypso y “música haitiana” (la vecina muy decente y respetable que ejercía sus artes en “las islas” y criaba dos hijas sola), los Matamoros, los Compadres y “Cien canciones y un millón de recuerdos” (mi padre). 

Pero mi gran pasión, especialmente desde que me mudé a Canadá hace ya veinte años, es el jazz y principalmente el de la segunda mitad del siglo veinte. Si usted me sigue en Twitter sabrá que mantengo los hashtags #Músicadelamañana #Músicadelatarde y #Músicadelanoche, porque no dejo de escuchar música excepto cuando duermo (y no siempre) y habrá notado la preponderancia de Thelonious Monk. Pues bien, la culpable es mi madre, que me dijo hace mucho que Monk era cool. Y aquí los dejo con uno de los primeros discos de Monk que recuerdo, “Ruby, My Dear” de Thelonious Monk’s Greatest Hits de 1963 

Thelonious Monk: Greatest Hits

Hasta la próxima.

Arturo Victoriano

Arturo Victoriano:

Crítico literario y profesor universitario. Es autor de Rayanos y Dominicanyorks: la dominicanidad del siglo XXI (Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana, 2014). Reside en Vancouver y enseña lengua española y literatura caribeña en la Universidad de la Columbia Británica.

Inventariar lo perdido

Fachada

Construir, a partir de un lenguaje de un profundo lirismo, el escenario para la puesta en escena de una historia de amor y desamor, y no solo la que protagoniza la voz poética y el sujeto al que se le canta, sino también la que protagonizan la ciudad y la poeta, quien la recorre melancólica inventariando cada esquina, cada banco, cada calle, cada lugar en que se escribió el amor, y el adiós, eso hace Daniela Cruz Gil (Santiago de los Caballeros, 1983) en La ciudad no será nuestra (Santo Domingo: Editorial Funglode, 2018),

Cruz Gil con este libro sigue con la obsesión citadina que marcó la producción poética dominicana, de posguerra principalmente, y se entronca con esta tradición desde la invocación, en el epígrafe, a René del Risco Bermúdez de quien cita los siguientes versos: «Si salimos ahora, / nos iremos a un parque a recordar…». Y desde ahí se nombra uno de los escenarios que se repiten a todo lo largo de este libro y que es una presencia constante en El viento frío, libro del que se desprenden los versos citados. 

En el poema que abre el libro, y que lleva por título «El pie izquierdo», el cual transcribo en su totalidad, la poeta nos sitúa en ese estado de nostalgia y de soledad presente en esa «ciudad extraña»: 

«La culpa exacta antes de abril / este dolor necesario / antes de que me roben el tiempo / después levantaré el pie izquierdo / y martillaré la pena / de las que se ahogan en tinta azul / caigo de golpe en una ciudad extraña / sedienta de colores que no le pertenecen /
de voces / de muerte a pedazos / una ciudad tan grande / tan larga como el amor por teléfono». 

A partir de ahí se comienza a contar, a nombrar momentos, lugares, recuerdos, objetos mediante los cuales se articula, se arma una historia. Así transitan por las páginas besos, rosas, fotos, madrugadas, arenas testigos del amor. Para decir, para contarnos. Comienza a cubrirnos esa saudade, ese sentimiento de extrañamiento, de melancolía, que transita por cada poema del libro, y que ocurre cuando uno se separa de alguien amado y siente la necesidad de volver a verlo y que el escritor portugués Manuel de Melo definía como «un bien que se padece y un mal que se disfruta». Una tristeza feliz.

Daniela Cruz

Daniela convoca a la poeta Sally Rodríguez a quien consulta, a partir de uno de sus versos: «Caer es hermoso y pleno». Y Daniela dice: 

«Quizás baste media carretera / para borrar la memoria / para hundirse en el miedo que mamá tenía / para caer pleno, Sally / o levantarme de entre los vivos / y sacudirme la carcoma humana…»

Según avanza la lectura seguimos siendo testigo de esa añoranza que roza la piel de la poeta, que la desgarra mientras camina, quizás por la calle San Luis, «hacia la soledad de un parque que ya no es el parque» en una ciudad en la que no hay árboles, ni besos, ni caricias. 

En «Penumbra», se alcanza un tono de evocación en que lo erótico, lo carnal es, de alguna manera, ensombrecido por el inventario atristado de lo vivido, de lo perdido: 

«Damos de comer a las palomas / alojadas en la lengua / medimos la longitud que escupe nuestra voz […] / […] somos sombras de nombres / quedarán números / música diluyendo memorias saladas del cuerpo / y esta calle no recuerda ningún paso desandado / como se niega el amor cuando duele».

Así sigue inventariándose lo que quedó trunco, lo que habita tan solo en la piel y la memoria: paseos bajo la lluvia, bancos de parque abandonados. Y también lo que se lleva el amante que parte:

«te llevas cada calle que nombré con rabia / la alegría publica de ignorar el mañana…»

Avanza este viacrucis nostálgico compuesto por treinta y tres estaciones y llegamos al poema titulado «Postal de la impaciencia» que, a mi parecer, resume la saudade que recorre como un temblor estos poemas: 

«No pudimos esperar la primavera / el invierno se llevó nuestras lagrimas / abandonadas en el parque con flores amarillas / creímos ver luz / en los charcos del barrio / el tren nos llegó a tiempo / pero habíamos iniciado / el camino a la desgracia».

Este libro, sin dudas inaugura, un decir nuevo, funda una ciudad en la que un viento frío, pero un viento impregnado de angustia, de ausencia, de parques abandonados, de despedidas, de olvidos; Daniela invoca al ausente y en sus versos vuelve a asir ese territorio escondido en el corazón y la memoria. 

Luis Reynaldo Pérez

Luis Reynaldo Pérez es un poeta, editor y gestor cultural dominicano, nacido, el 10 de diciembre de 1980. Entre sus libros se encuentran: Inventario de sangre (Madrid: Amargord Editores, 2020), Ciudad que alucino (Madrid: Amargord Ediciones, 2016. También ha sido reconocido en múltiples ocaciones, algunas de ellas siendo: Primer Premio del XVIII Concurso Nacional de Literatura Alianza Cibaeña, categoría poesía con Sombras del sueño (2019); Segundo Premio del XVIII Concurso Nacional de Literatura Alianza Cibaeña, categoría cuento con Tiburón (2019)

Cal, cal y cal… Arena, arena y arena.

Cal, cal y cal… Arena, arena y arena.

Por Argénida Romero

Desde 2007 cubro la Feria Internacional del Libro Santo Domingo como periodista, publique o no en el medio donde trabaje. En estos años he visto y escuchado todo sobre las diversas formas de vivir esa actividad.

Y sí, hay libros si vas a buscar libros. Y sí, hay actividades, si vas a buscar actividades. Y sí, va mucha gente que no busca ni libros ni actividades.

¿Cuánto se invierte en la Feria? ¿Por qué no hay libros de los escritores a la que está dedicada la Feria? ¿Por qué El Vaticano fue un país invitado? ¿Por qué hubo una tarima de Telemicro junto al Teatro Nacional? ¿Por qué el programa no calza a veces con lo que pasa? ¿Por qué en la Ciudad Colonial? 

Cal, cal y cal. Arena, arena y arena.

Ante las preguntas hay matices. Unos te dan vueltas con una sonrisa, otros se molestan de plano, otros se agarran de un discurso cantiflesco. Están lo que ignoran y siguen sin más.

He guardado mucho bueno y mucho no tan bueno desde 2007. También por sanidad mental propia doy vuelta a la página semanas después de la Feria Internacional del Libro, no sin antes comentar o escribir algo. 

Este año aún no me decido si comentar o no sobre la Feria del Libro. Es posible que sea cansancio, no querer llover sobre mojado, o quizás es que hay tanto discurso a la defensiva y tanta malquerencia anónima que no estoy en ánimos de tener que enfrentarla.

«A ti te odian en Cultura», me dijo alguien en la Ciudad Colonial, una persona que días después me mandó un anónimo en el que hacían señalamientos grotescos y malintencionados sobre esta edición de la Feria Internacional del Libro. Creo que fue en mi temprana juventud, luego de varios tropiezos, que me dejó de importar los odios personales y personalistas de los demás. Pero a los odios, eso sí, suelo observalos, y este año como ningún otro, ví pasear demasiados.

Luego de contestar el mensaje con el envío del anónimo, señalando al remitente lo bajo que caía en hacerse eco y difusor de ese panfleto, me he quedado con la sensación de que en este pequeño país, y en el aún más pequeño espacio cultural de este país, cabe tanta malquerencia que no sé si vale la pena hacer esos juicios sobre lo bueno y lo no tan bueno de una actividad como la Feria Internacional del Libro Santo Domingo, en especial cuando sabes que algunos vendrán a decirte, de manera eufemista pero clara, que te calles.

Me quedo con los libros.

Argénida Romero

Argénida Romero:

Periodista, escritora y correctora. No vivo donde nací, pero soy de ambos lugares. Dieciséis años viviendo de escribir y de corregir lo que otros escriben. He ganado algunos premios, he publicado algunos libros, pero prefiero sobre todo eso el chocolate.

Encuentra el blog de Argénida en:
http://eldiariodelarosa.blogspot.com/

Cal, cal y cal… Arena, arena y arena.

Crónica III: Las Últimas Monstruosidades Feriales

Arabia

Crónica III: Las Últimas Monstruosidades Feriales

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Escrito por Belié Beltrán

La lluvia contiene a todos los escritores en el restaurante del hotel. Miguel De Vallester conversa con Mario Bellatín sobre la relación entre Peix y David Markson, citan La Soledad Del Lector. Mario dice que le parece que Markson no escribía directamente esas frases. Considera que se trataba de un proceso de edición.

 

En la tarde, si la lluvia lo permite, estará firmando libros con una editorial independiente que acaba de publicar un volumen con tres de sus novelas. Miguel y yo reímos cada vez que se hace referencia a ese evento. Es como si esperáramos un desastre. En la noche, cerca de un tipo que invita a los transeúntes a comer chillo guisado, a la plancha y frito, Miguel diría: “Loco, nosotros creyendo que sería malo, pero UME resultó más mamagüevo de lo que esperábamos”, le doy la razón. Pareciera que la Feria lleva semanas. También da la impresión de que la lluvia trata de limpiarlo todo, desde el zumbido de voces que hablan de un boicot al concierto de una banda que sacó la bandera gay en tarima hasta la escritora cubana que está insoportable porque le han cancelado o movido todas sus actividades. Alexéi Tellerías habla de “Soft bloqueo”. Dice que lo ocurrido la noche anterior con el concierto fue un “Sonidus interruptus”, citándose en su poema de Los Peces Del Subsuelo. La lluvia empapa y retiene a la gente. Las actividades se suspenden o suceden solo con el personal. La lluvia incluso distrae del verde olor pantanoso que distingue la esquina de la calle El Conde con calle Las Damas. Borra las conversaciones del jueves, cuando cuatro escritores decían que un bachatero está siempre a un resbalón de ser evangélico. Entre dos cervezas también dijeron que cuando un bachatero se vuelve light, como Frank Reyes, es peor que si fuera evangélico. Como si conjurara un maleficio, uno de los escritores le dijo a otra que quería de la cerveza que tenía en un vaso con el panti que se acababa de quitar, a pedido de otro escritor.

El viernes llegó Mario Bellatín. La gente que le llama «Maestro», él que desconoce cuáles serán sus actividades. Miguel y yo girando de un lado para otro, hasta acabar en el pabellón de Pedro Peix. En la noche Bellatín tendría una conferencia magistral. Voy hacia el museo de Las Casas Reales con un grupo de panas. Cerca de Plaza España está Pedro Antonio Valdez con una escritora de Puerto Rico gritando que La Constitución da el derecho al libre tránsito. Se riega como la mierda de un loco, porque tienen la presentación de un libro sobre indicadores de lectura en estudiantes y un raso que lleva un Máuser, le impide pasar. Luis Abinader está en la Feria con Iván Duque, presidente de Colombia. Pedro dice: “Esta no es la primera Feria del Libro a la que viene un presidente. Aquí estuvo Correa, cuando lo querían matar en su país, y no se armó este aparataje”. Del equipo que está con Mario en el museo, salen a buscarnos. Poco antes le habían dado paso a Pedro Antonio.

En el museo, están Mario Bellatín, parte del equipo de protocolo, tres escritores colombianos y alguna persona más. Diez minutos más tarde, Fari Rosario, encargado de las conferencias magistrales, anuncia que la actividad se pospondrá para otro día, probablemente el domingo. Fari también presentó la conferencia magistral de Mempo Giardinelli. De ese encuentro recordé que la nostalgia no es buena aliada. Tenía la sensación que años atrás me despertó su novela Luna Caliente. Ahora me pareció un señor pretencioso, que no tenía nada que decir. Un escritor invitado lo resumió: “Entre cenar con Mempo o ir a comer empanadas, prefiero las empanadas”. Es sábado en la noche. Miguel y Mario Bellatín narran en el Parque Rosado parte de su travesía en un club español que es fanático de Franco en Santiago. La poeta gallega, Yolanda Castaños, lo definiría como un “No lugar”, cuando escuchaba las anécdotas. Un par de poetas insistían en tomarse fotos con Mario. Y ante la insistencia de estar con la cámara del celular en todo momento, me dio para preguntarme sobre espectáculos, las poses y el espíritu instagramer. Al final, ni siquiera en el lugar donde surgen las críticas o la consciencia del absurdo hay una zona libre de Instagram, los selfies o la necesidad de decir “Mírennos, estamos viviendo”. Recuerdo las conversaciones con una profesora en Washington, ella diciéndole a un grupo de estudiantes adolescentes que se concentraran en vivir el momento más que en capturar un recuerdo. Y pasa como con algunas críticas a la Feria. Insisten tanto en que es un desorden, que no hay libros o que no hay actividades, mientras en la calle Las damas, las librerías tratan de vender sus ejemplares y los pabellones se esfuerzan por atraer público. En un hilo de twitter, un usuario le escribió a la periodista Argénida Romero, que él había decidido no ir porque era un desorden anunciado. En una mesa en la que teníamos alrededor de veinte ejemplares distintos, una amiga se quejaba de que en la Feria no había libros. Otra cargaba una bolsa con la narrativa completa de Borges. Entonces, es cierto, hay mucho desorden, por razones distintas. También es real que hay menos libros y librerías que en otras ocasiones, pero hay. Incluso bajo la lluvia aparece un libro de Martín Adán, Casas De Cartón, en el stand de Huerga Y Fierro. Basilio Belliard, Juan Fredy Armando y otros recurrentes de la escena local hurgan entre los volúmenes de la editorial. La vendedora del stand me lee un fragmento de Casas De Cartón. Mario y Miguel regresan, estamos de camino a almorzar. Otra vez Miguel y yo nos reímos ante la expectativa de la firma de libros de Bellatín. Tampoco entonces intuimos el desastre empujado por Últimos Monstruos.

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¿Qué ganamos recomendando un libro?

¿Qué ganamos recomendando un libro?

Mitri Jiménez

Cada vez que escucho que una persona leyó un libro, inmediatamente la imagino golpeando una pared hasta hacerla caer y frente a ella, entre los escombros, se erige una nueva escalera. Leer es justo eso: derribas constantemente las limitaciones que produce la ignorancia y escalas hacia otros niveles de conocimiento y de comprensión de la realidad. 

Esta es la razón por la que burlarse de una persona por los libros que lee, solo demuestra una cosa: nuestras carencias. La lectura es un ejercicio en solitario y las decisiones que se tomen al respecto son muy personales. Por eso, cuando uno recomienda libros, debe cruzar los dedos para que la otra persona -según sus intereses- decida leerlos. Si lo hace… y queda atrapada en su lectura, ¿qué habremos ganado recomendando un libro? 

1. Un nuevo lector o una nueva lectora. 

2. Alguien con quien compartir tu amor u odio por lo leído. 

3. Una persona que te recomiende libros o mejor aún… que te los preste o te los regale. 

4. Una persona con quien puedes argumentar cuando conversen (nadie dice que no será de manera apasionada). 

5. Compañía para asistir a recitales, conferencias literarias, puesta en circulación de libros o a la Feria Internacional del Libro. 

6. Una cita recurrente, con café, té o chocolate incluido, en una librería. 7. Un miembro para tu club de libros o bookclub (pa’ que suene gringo). 8. Un(a) aspirante a escritor(a). 

9. Un(a) futuro(a) booktuber, bookstagramer o embajador de la lectura. 10. Un amante de la buena ortografía. 

11.Un nuevo hogar con biblioteca personal.

12. Un nuevo abanderado de la frase: “Vi la película pero me gustó más el libro”. 

13. Un agradecimiento por ayudar a derribar la pared y acceder a nuevas experiencias. 

14. Una nueva lista de libros leídos, olvidada cercano o posterior al número 100. 15. Unas felicitaciones adelantadas por ganar la guerra de Farenheit 451, del escritor Ray Bradbury.

Mirar un archipiélago de papel

Mirar un archipiélago de papel

Caminando por las calles de Chile, se nota a leguas que Johan Mijail (Santo Domingo, 1990) es un desubicado y ese desubique se nota en ese acento machucado y descuidado del dominicano y en esa negritud en su piel y su pelo. Pero también es un desubicado en Santo Domingo, donde algunas expresiones chilenas coladas en su hablar y la irreverencia con que exhibe sus teorías feministas y sobre el amor vegetal escandalizan a la sociedad pacata que habita en esta jaula rodeada de agua que es la ínsula.   

En Pordioseros del Caribe (Santiago de Chile: Editorial Desbordes, 2014), un libro que, aunque fue escrito y publicado en Santiago de Chile, está ambientado en Santo Domingo y escrito en jerga dominicana, se construye una mirada irónica sobre la insularidad, esa «maldita circunstancia del agua por todas partes», como la describió el poeta cubano Virgilio Piñera, que convierte al pequeño animal de patas irregulares que es la isla de Santo Domingo en un aislamiento que sobrepasa lo geográfico y se traduce en una actitud de querer desesperadamente mirar más allá del agua, de salir de esta jaula de palma y mamajuana, de respirar fuera de esta fortaleza de jodedores y chapiadoras. Aunque afuera de la isla lo único en lo que se piense sea en volver a pisar sus calles sembradas de romo y sudor. 

En un brevísimo texto que precede a los poemas y que funciona como una suerte de epígrafe, el poeta declara lo que significa llevar al Caribe en su espalda:

«El agua de este archipiélago de papel pesa / y a veces muchísimo». 

En «Me declaro ser isla», texto que abre el libro, se afirma esta maldición de la insularidad: 

«La isla se sigue hundiendo en medio de las olas que vienen por todos lados; — usted se salva si trae oro escondido en la cartera, usted se salva solo si habla inglés y paga con dólares en este Nueva York chiquito, usted se salva si tiene las rodillas blanquitas, usted se salva si quiere salvarse y por eso lee la biblia, usted está salvo en este espejo de país de la mierda, en este Caribe que se ahoga en las palmeras y los motoconchos, ¿y qué?».

Más adelante, en «Pordioseros del Caribe», Castillo define de una forma visceralmente cruda, el significado de esa insularidad: 

«La insularidad es una condición geográfica; el insularismo es una ideología y una yola es un medio de transporte donde terminamos, casi siempre, muriendo». 

Pordioseros del Caribe es un libro sui géneris, multigenérico, que salta de la poesía al testimonio, de la crónica urbana a la narrativa, más, sin embargo, se ha logrado la consecución de una poética cotidiana que marca cada uno de estos textos.  De alguna forma, el hecho de que sea un libro «inclasificable» y que genere una tensión entre géneros hace que Pordioseros del Caribe sea, más que un poemario o una colección de cuentos, una compilación de apuntes, recuerdos, bocetos y miradas sobre el vaivén de ciudades, personajes y sucesos históricos. 

La ciudad, más que morada o escenario, es un personaje principal en estas páginas y desde aquí Johan abre una rendija por la que vemos la metamorfosis que va experimentado Ciudad Trujillo hasta convertirse en Nueva York Chiquito. Y, como una película que muestra nuestra historia desmemoriada, van pasando frente a nosotros: la bolita del mundo, el estadio Quisqueya, la Plaza de la Bandera, los Obeliscos, el parque Ramfís, los túneles y elevados, el metro… En fin, vemos cómo la ciudad de Santo Domingo se fue convirtiendo en una metrópolis del siglo xxi y de cómo sus calles se fueron llenando de yipetas, de deliverys, de vendedores en los semáforos que te venden desde un chicle hasta un cachorrito de perro o una iguana.

Nos acercamos así a una isla que es muchas islas, construida sobre una red de nombres, sangre, sudor, escupitajos. Haciendo uso de elementos como el humor, la cultura popular y una revalorización del lenguaje coloquial, Johan Mijaíl construye una poética cotidiana, marcada por lo autorreferencial y dialogando con la cultura popular dominicana, con la negritud y con las influencias literarias que ha recibido el autor. Y así, aparecen referencias claras a Rita Indiana y su visión onírica del macho caribeño; a Frank Báez y su «Marilyn Monroe de Santo Domingo»; una visión política y feminista del hecho poético; los merengues de Kinito Méndez, Los Hermanos Rosario, Johnny Ventura; los peloteros, las megadivas, cierto aire del neobarroco y Junot Díaz, presente desde el epígrafe.  Pordioseros del Caribe, es sin duda un documento que busca adentrarse en el significado de lo insular y de la errancia con la que cargamos por ese deseo casi enfermizo de subirnos en la yola y escapar del encierro, aunque luego queramos escarbar en la memoria y el viento hasta saber «el peso de la isla», aquella que abandonamos un día.

Luis Reynaldo Pérez

Luis Reynaldo Pérez es un poeta, editor y gestor cultural dominicano, nacido, el 10 de diciembre de 1980. Entre sus libros se encuentran: Inventario de sangre (Madrid: Amargord Editores, 2020), Ciudad que alucino (Madrid: Amargord Ediciones, 2016. También ha sido reconocido en múltiples ocaciones, algunas de ellas siendo: Primer Premio del XVIII Concurso Nacional de Literatura Alianza Cibaeña, categoría poesía con Sombras del sueño (2019); Segundo Premio del XVIII Concurso Nacional de Literatura Alianza Cibaeña, categoría cuento con Tiburón (2019)

Johan Mijail

Johan Mijail (Santo Domingo, República Dominicana, 1990) Escritor y performer. Estudió Periodismo. En 2011 publica el libro de poesía ilustrada “Metaficción” y participa en la película Sister del Colectivo Lewis Forever en la ciudad de Berlín, Alemania. En 2014 publica “Pordioseros del Caribe” y en 2016 junto Jorge Díaz del Colectivo Universitario de Disidencia Sexual (CUDS) “Inflamadas de retórica. Escrituras promiscuas para una tecno-decolonialidad”, ambos por Editorial Desbordes. Ha participado en festivales de performance en Estados Unidos, Chile, Costa Rica, República Dominicana y Alemania, con un trabajo escritural y visual que invita a un imaginario transfeminista y decolonial.

En Las de Kianny: Una corona de flores para coser heridas con Ana Castillo Muñoz

“Cuando yo sueño con bodas sé que alguien se va a morir”, dijo Ana alguna vez. Agregó que “Es como una preparación para un próximo duelo”.

La puertorriqueña de padres dominicanos convirtió en palabras el duelo por la muerte de su padre. La corona de flores como símbolo de las “historias de familia” de las que habla Kianny en la introducción a uno de los poemas de este libro.

Ana Castillo Muñoz publicó Corona De Flores, luego de retrasar su salida a causa de la pandemia. Es periodista, divulgadora de educación sexual con enfoque de género y de desmonte de estereotipos racistas.

Como de costumbre, la escritora dominicana, Kianny Antigua, comparte una lectura visceral. Este libro, de acuerdo a la misma Ana, permite coser viejas heridas. 

Ana Castillo

Es periodista, escritora. Pero también es la creadora de Con el verbo en la piel, un proyecto de sexualidad femenina, empoderamiento y liberación sexual, encuéntralo en:

https://www.instagram.com/verboypiel/?hl=en

Kianny Antigua

Sobre Kianny Antigua 

Es narradora,  contestataria y docente. Ha publicado los libros Bestezuelas y El tragaluz del sótano, entre otros. También ha ganado cada premio posible, dentro y fuera de la República Dominicana. 

Acá les dejamos su página web para que sigan en contácto con su contenidohttps://www.kiannyantigua.com/

En las de Kianny: Sábado de ranas de Farah Hallal

En esta ocasión, Kianny Antigua  lee un fragmento de la novela infantil Sábado De Ranas, escrita por la gestora, poeta y narradora dominicana, Farah Hallal. La historia transcurre entre el sentido del humor, el candor y la diversión.

Farah es autora de los libros, Ana, Un Adiós Para Mamá, publicado por la editorial SM, Las Gallinas Son Eléctricas, Mi Mariposa Quiere Volar, entre otros. 

Es oriunda de Salcedo, pero reside en España desde hace unos pocos años. En  Santo Domingo coordinó proyectos de gestión cultural y animación a la lectura.

Tiene una estrecha relación con sus dos hijos. Y hace unos años, cuando visitabas su casa, cerca de la  avenida República De Colombia, encontrabas los libros tirados por todos lados, como si  te sacaran los brazos por  la ventanilla de un autobús  que va en excursión  a  la playa.Para leer también su poesía puedes acceder a sus redes sociales @Farahhallal.  Y  si buscas más información sobre ella, eventos, libros o contacto, accede aquí: https://www.farahhallal.com/newpage

Sobre Kianny Antigua 

Es narradora,  contestataria y docente. Ha publicado los libros Bestezuelas y El tragaluz del sótano, entre otros. También ha ganado cada premio posible, dentro y fuera de la República Dominicana. 

Acá les dejamos su página web para que sigan en contácto con su contenido

https://www.kiannyantigua.com/

Mauricio Schwarz: Rock, Nacionalismos y Pensamiento En Defensa Propia 

Para escuchar en Podcast clic aquí

Conversamos con Mauricio Schwarz, periodista, escritor y divulgador en Youtube. Nos contó parte de su visión sobre la cultura en México, racismo, nacionalismos y música. Sus opiniones son claras, contundentes y apoyadas en datos. Para conocer más de él, te dejamos enlaces a sus redes sociales, canal de Youtube y portal web.

Canal de Youtube de Mauricio: Clic aquí para ir.

En la conversación surgieron algunos temas que nos resultaron interesantes: Si le preguntan por Chespirito y EL Chavo Del 8, dirá que es una muestra del fracaso de México en la promoción de referentes culturales. Cita casos de personas que sí aportan a la construcción de una identidad cultural tolerante, diversa y sin nacionalismos. Hablando sobre la diversidad latinoamericana, considera que mucha de la idea de Latinoamérica como un conjunto se quedó en las semejanzas superficiales. También, se refirió a la cantidad de diversidad cultural que hay en los países latinoamericanos. Criticó el racismo en México y otros países. Su postura puede definirse con la expresión: «Si podemos tolerar la diversidad de nuestro país ¿por qué no podemos vivir la diversidad internacional?” También, “La proporción de buenas personas e hijos de puta es igual en todos lados”. Sobre el rock en español, dijo que lo que le molestaba era encontrarse con bandas en las que había muy buenos músicos, pero sin letristas: “Me dejaste estoy muy triste”. Luego considera que tal vez la música hecha con computadora sea buena, pero que a él lo deja frío. Prefiere el elemento humano, que desafinen ligeramente si es necesario, pero no artistas que ni escriban sus canciones y que dependan del Aototune para cantar. En la actualidad ya no escribe ficción. Tampoco cree que lo vaya a hacer, ni si valga la pena editar sus libros publicados. Está escribiendo canciones. Toño Malpica las está musicalizando. Y le apasiona lo que hace en YouTube. Recuerda seguirnos en todas las redes sociales. Y suscríbete a la página para recibir notificaciones de todo el contenido que te ofrecemos.