Fachada

Construir, a partir de un lenguaje de un profundo lirismo, el escenario para la puesta en escena de una historia de amor y desamor, y no solo la que protagoniza la voz poética y el sujeto al que se le canta, sino también la que protagonizan la ciudad y la poeta, quien la recorre melancólica inventariando cada esquina, cada banco, cada calle, cada lugar en que se escribió el amor, y el adiós, eso hace Daniela Cruz Gil (Santiago de los Caballeros, 1983) en La ciudad no será nuestra (Santo Domingo: Editorial Funglode, 2018),

Cruz Gil con este libro sigue con la obsesión citadina que marcó la producción poética dominicana, de posguerra principalmente, y se entronca con esta tradición desde la invocación, en el epígrafe, a René del Risco Bermúdez de quien cita los siguientes versos: «Si salimos ahora, / nos iremos a un parque a recordar…». Y desde ahí se nombra uno de los escenarios que se repiten a todo lo largo de este libro y que es una presencia constante en El viento frío, libro del que se desprenden los versos citados. 

En el poema que abre el libro, y que lleva por título «El pie izquierdo», el cual transcribo en su totalidad, la poeta nos sitúa en ese estado de nostalgia y de soledad presente en esa «ciudad extraña»: 

«La culpa exacta antes de abril / este dolor necesario / antes de que me roben el tiempo / después levantaré el pie izquierdo / y martillaré la pena / de las que se ahogan en tinta azul / caigo de golpe en una ciudad extraña / sedienta de colores que no le pertenecen /
de voces / de muerte a pedazos / una ciudad tan grande / tan larga como el amor por teléfono». 

A partir de ahí se comienza a contar, a nombrar momentos, lugares, recuerdos, objetos mediante los cuales se articula, se arma una historia. Así transitan por las páginas besos, rosas, fotos, madrugadas, arenas testigos del amor. Para decir, para contarnos. Comienza a cubrirnos esa saudade, ese sentimiento de extrañamiento, de melancolía, que transita por cada poema del libro, y que ocurre cuando uno se separa de alguien amado y siente la necesidad de volver a verlo y que el escritor portugués Manuel de Melo definía como «un bien que se padece y un mal que se disfruta». Una tristeza feliz.

Daniela Cruz

Daniela convoca a la poeta Sally Rodríguez a quien consulta, a partir de uno de sus versos: «Caer es hermoso y pleno». Y Daniela dice: 

«Quizás baste media carretera / para borrar la memoria / para hundirse en el miedo que mamá tenía / para caer pleno, Sally / o levantarme de entre los vivos / y sacudirme la carcoma humana…»

Según avanza la lectura seguimos siendo testigo de esa añoranza que roza la piel de la poeta, que la desgarra mientras camina, quizás por la calle San Luis, «hacia la soledad de un parque que ya no es el parque» en una ciudad en la que no hay árboles, ni besos, ni caricias. 

En «Penumbra», se alcanza un tono de evocación en que lo erótico, lo carnal es, de alguna manera, ensombrecido por el inventario atristado de lo vivido, de lo perdido: 

«Damos de comer a las palomas / alojadas en la lengua / medimos la longitud que escupe nuestra voz […] / […] somos sombras de nombres / quedarán números / música diluyendo memorias saladas del cuerpo / y esta calle no recuerda ningún paso desandado / como se niega el amor cuando duele».

Así sigue inventariándose lo que quedó trunco, lo que habita tan solo en la piel y la memoria: paseos bajo la lluvia, bancos de parque abandonados. Y también lo que se lleva el amante que parte:

«te llevas cada calle que nombré con rabia / la alegría publica de ignorar el mañana…»

Avanza este viacrucis nostálgico compuesto por treinta y tres estaciones y llegamos al poema titulado «Postal de la impaciencia» que, a mi parecer, resume la saudade que recorre como un temblor estos poemas: 

«No pudimos esperar la primavera / el invierno se llevó nuestras lagrimas / abandonadas en el parque con flores amarillas / creímos ver luz / en los charcos del barrio / el tren nos llegó a tiempo / pero habíamos iniciado / el camino a la desgracia».

Este libro, sin dudas inaugura, un decir nuevo, funda una ciudad en la que un viento frío, pero un viento impregnado de angustia, de ausencia, de parques abandonados, de despedidas, de olvidos; Daniela invoca al ausente y en sus versos vuelve a asir ese territorio escondido en el corazón y la memoria. 

Luis Reynaldo Pérez

Luis Reynaldo Pérez es un poeta, editor y gestor cultural dominicano, nacido, el 10 de diciembre de 1980. Entre sus libros se encuentran: Inventario de sangre (Madrid: Amargord Editores, 2020), Ciudad que alucino (Madrid: Amargord Ediciones, 2016. También ha sido reconocido en múltiples ocaciones, algunas de ellas siendo: Primer Premio del XVIII Concurso Nacional de Literatura Alianza Cibaeña, categoría poesía con Sombras del sueño (2019); Segundo Premio del XVIII Concurso Nacional de Literatura Alianza Cibaeña, categoría cuento con Tiburón (2019)