Otelo Sniff: Claudio Rivera Y Su Yago que Cita Los Panchos

Otelo Sniff: Claudio Rivera Y Su Yago que Cita Los Panchos

Hace unos años acompañé a unos amigos al Teatro Guloya. Representarían Otelo Sniff, una adaptación del clásico de Shakespeare hecha por Claudio Rivera.

En aquel momento varias cosas llamaron mi atención:

Primero. Se trata de una puesta en escena con toda la fuerza de William Shakespeare. Esta queda resaltada por el enfoque Guloya que le imprime Claudio.

Segundo. Al igual que en la obra madre, aquí Yago es un titiritero que maneja las vidas de todos los personajes. Sin embargo, la adaptación adquiere una dimensión política, humana  y humorística  que amplía la onda expansiva de su fuego.

Harold Bloom solía decir que Yago era un pirómano. En esta versión también es actor.

Me explico: en ¿Cómo Leer Y Por Qué? Harold Bloom dice que Hanlet estaba consciente de que representaba una obra. El Yago de Shakespeare tenía otra naturaleza.

Sin embargo, el Yago de Claudio Rivera empieza declarando su odio y su rabia. En Otelo Yago se habla a sí mismo, entra en soliloquios típicos del teatro Isabelino.

Aquí él tiene consciencia de que hay una audiencia observándole, escandalizándose y disfrutando del espectáculo de la miseria que siembra a su alrededor. La audiencia también se sabe cómplice del fuego que el cinismo de Yago riega en todas direcciones.

Tercero. El lirismo de Otelo Sniff transforma la obra original. Shakespeare tiene ironías, Claudio también.

Shakespeare ahonda en el rencor y la venganza, Claudio lo mismo. Shakespeare conoce en profundidad las referencias populares de su época y las usa para construir un lenguaje universal.

Claudio toma ese lenguaje y lo renueva con las referencias de este siglo. Así, entran en juegó la brujería, la discriminación implícita en ofrecer perejil al “Denegrido Otelo”.

Aparece la invocación a la muerte original de los ritos católicos de la Semana Santa. Asimismo, referencias  a boleros, tensiones de la política del país y denuncias sociales actuales.

Cuarto. Claudio involucra la perspectiva de denuncia social y política sin caer en el panfleto o perder la estética. Quizás porque el mismo Shakespeare construyó una tragedia ante todo política, Claudio hiló una historia llena de clientelismo, demagogia y manipulaciones.

Estoy seguro de que si Harold Bloom viera esta representación, la amaría. Las frases tan dolidas de Otelo cuando dice “¡Ay mamasita!”, la declaración que Yago hace al público cuando les dice: “Los odio profundamente”.

Quinto. A diferencia de Otelo, la versión de Claudio Rivera es eminentemente humorística. En Shakespeare hay humor de todas clases, ironía y sarcasmo a raudales, pero no deja de ser un drama de celos, envidias y traiciones.

Aquí hay todo eso, sin dejar de llamar a la risa. A veces son carcajadas incómodas, por decir “Uno no debería reírse de eso”.

Otras veces, la risa es fruto de la destreza del elenco en el escenario. Y quisiera decir más sobre todos los personajes, pero en esta época está muy mal visto dar spoilers.

Por suerte, Otelo sniff volvió al Teatro Guloya. Se presentará este fin de semana.

Yo estaré allá, con toda certeza. Shakespeare es inagotable. Claudio llegó a otra consciencia de la obra.

Para quienes quieran leer la pieza escrita por Claudio Rivera, en este enlace está publicada. Hacer clic aquí, Da gusto leerla.

Si buscan un libro para profundizar en el personaje de Yago, lo mejor es leer Yago: Las Estrategias del Mal, escrito por Harold Bloom. También se le puede encontrar en ¿Cómo Leer Y Por Qué? O en cualquier libro de Bloom.

Claudio Rivera sin la máscara, tiene un machete levantado a la altura de su cara y una nariz de payaso.
Claudio Rivera sin la máscara, tiene un machete levantado a la altura de su cara y una nariz de payaso.
Claudio Rivera con túnica morada, estira los labios y se retira la máscara
Claudio Rivera con túnica morada, estira los labios y se retira la máscara.

Crónica: Alejandro Sanz y los shorts de la castaña

Alejandro Sanz bajo los reflectores del Estadio Quisqueya: Cortesía de Michelle Hernández

Casi a las nueve de la noche, todavía quedaban asientos vacíos en Special Guest. Digo, mientras un tal Diego, David u otro nombre verde, canta en tarima, que Alejandro no es Bad Bunny para estar Sold Out. El tipo de la tarima dice: “Si les parezco conocido es porque estuve en Dominicanas Got Talent”. Canta algo sobre bailar merengue en el mar, digo que tal vez se ahoga.

El tipo de la derecha insiste en llamar a un vendedor de bebida. Se inclina a la izquierda casi sobre mí. Lo golpeo con el bastón en un muslo y lo empujo con el pie. Parece que captó el mensaje. Le da 500 pesos al de la bebida para que le traiga tres vasos.

Y llega Alejandro. Casi no se escucha lo que dice, pero la gente conoce todas las canciones. Y pienso que el pantaloncito corto de la castaña que está a mi izquierda compensa asistir al concierto. Tres canciones más tarde, se entiende lo que dice Alejandro, suena Regálame La silla. La castaña y su amiga discuten sobre el pelo del cantante. La amiga dice que el gris le queda sexi, la castaña no lo asimila sin el pelo negro.

Alejandro Sanz en tarima. Foto cortesía de: Michelle Hernández

Estamos en la décima fila. Hacia el frente, una mujer grita Alejandro, como una golondrina forzando tempestad.

Termina de cantar Marciana, luego de un palo de flamenco a base de guitarra y caja. Se escucha a dos mujeres que gritan “¡No me lo hagas!” Cuando Alejandro concluye con el verso “Quisiera ser un pez”. Me digo, aquí va otra nota en todos los periódicos: Sanz Canta Burbujas De Amor. Habrá una que será creativa y tratará de hacer un recuento de los cantantes que incluyen a Juan Luis Guerra en sus repertorios: Coldplay, Sanz y seguro que otros más.

El muslo de la castaña se siente fuerte, fibroso. Me da un manotazo por aventurarme muy al norte, “Quisiera ser el aire que escapa de tu risa”. Alejandro habla de que en su banda hay tres dominicanos. Dice lo bien que se siente y otros clichés.

El público arde. Canta Karina, dominicana. Hago mención de lo difícil que es superar a Alicia Keys. La castaña dice, “Ella es corista de su banda y canta mejor que el de ahorita”, refiriéndose a David, Diego u otro nombre verde.

Karina lanza algún melisma. Alejandro se quita de en medio para que ella se luzca. Y en todo el estadio Quisqueya surge la ovación tricolor que consigue la gente cuando le dan espacio a su dosis de patriotismo y eso. Pienso en el talento de Sanz para la puesta en escena. Ese es un momento que le hace ver más grande por resaltar el valor nacional, y así.

La castaña se queda un poco en el aire cuando toda la gente a la derecha canta “Yo no quiero un amor civilizado… y morirme contigo si te matas”. Le digo que es de Sabina, canto. Al final resulta que después del muslo en shorts, ese es el mejor momento del concierto.

Alejandro Sanz con su guitarra: Cortesía de Michelle Hernández

El tipo de la derecha ocupa mucho espacio. Es incómodo sentir su hombro izquierdo. Insiste en llamar al tipo para que le traiga los tres vasos.

Cantó Lo Ves. Y recuerdo que en la época en que Jorgelina y Emmanuel eran fanáticos de Alejandro, en Don Juan, esta canción me movía. Eran esos días en los que tener un CD con 150 canciones en MP3 era una conquista. Sin internet, ni streaming, la música seguía rutas inverosímiles. Entonces, Sanz era fácil de seguir, las opciones eran menos halagüeñas. A la salida, la gente corea Mi Soledad Y Yo.

La castaña piensa que mejor que no hubiera cantado a Sabina y que incluyera esa canción. Consuela la insatisfacción diciendo que el repertorio de Alejandro es muy grande.

Yo voy borracho, o casi. Lo bueno es que el Vodka no me da resaca, que la tristeza de la noche se traspapeló en los aplausos y que falta poco para dormir. Mañana será domingo y habré olvidado muchos de los detalles del concierto.

Un escritor me saluda. Le digo que le contaré a todo el mundo que lo vi en un concierto de Sanz. Seguro él también va borracho y no le importa demasiado.

El tipo de las bebidas nunca llegó con los tres vasos. El sujeto de la izquierda perdió 500 pesos.

Crónica III: Las Últimas Monstruosidades Feriales

Crónica III: Las Últimas Monstruosidades Feriales

Arabia

Crónica III: Las Últimas Monstruosidades Feriales

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Escrito por Belié Beltrán

La lluvia contiene a todos los escritores en el restaurante del hotel. Miguel De Vallester conversa con Mario Bellatín sobre la relación entre Peix y David Markson, citan La Soledad Del Lector. Mario dice que le parece que Markson no escribía directamente esas frases. Considera que se trataba de un proceso de edición.

 

En la tarde, si la lluvia lo permite, estará firmando libros con una editorial independiente que acaba de publicar un volumen con tres de sus novelas. Miguel y yo reímos cada vez que se hace referencia a ese evento. Es como si esperáramos un desastre. En la noche, cerca de un tipo que invita a los transeúntes a comer chillo guisado, a la plancha y frito, Miguel diría: “Loco, nosotros creyendo que sería malo, pero UME resultó más mamagüevo de lo que esperábamos”, le doy la razón. Pareciera que la Feria lleva semanas. También da la impresión de que la lluvia trata de limpiarlo todo, desde el zumbido de voces que hablan de un boicot al concierto de una banda que sacó la bandera gay en tarima hasta la escritora cubana que está insoportable porque le han cancelado o movido todas sus actividades. Alexéi Tellerías habla de “Soft bloqueo”. Dice que lo ocurrido la noche anterior con el concierto fue un “Sonidus interruptus”, citándose en su poema de Los Peces Del Subsuelo. La lluvia empapa y retiene a la gente. Las actividades se suspenden o suceden solo con el personal. La lluvia incluso distrae del verde olor pantanoso que distingue la esquina de la calle El Conde con calle Las Damas. Borra las conversaciones del jueves, cuando cuatro escritores decían que un bachatero está siempre a un resbalón de ser evangélico. Entre dos cervezas también dijeron que cuando un bachatero se vuelve light, como Frank Reyes, es peor que si fuera evangélico. Como si conjurara un maleficio, uno de los escritores le dijo a otra que quería de la cerveza que tenía en un vaso con el panti que se acababa de quitar, a pedido de otro escritor.

El viernes llegó Mario Bellatín. La gente que le llama «Maestro», él que desconoce cuáles serán sus actividades. Miguel y yo girando de un lado para otro, hasta acabar en el pabellón de Pedro Peix. En la noche Bellatín tendría una conferencia magistral. Voy hacia el museo de Las Casas Reales con un grupo de panas. Cerca de Plaza España está Pedro Antonio Valdez con una escritora de Puerto Rico gritando que La Constitución da el derecho al libre tránsito. Se riega como la mierda de un loco, porque tienen la presentación de un libro sobre indicadores de lectura en estudiantes y un raso que lleva un Máuser, le impide pasar. Luis Abinader está en la Feria con Iván Duque, presidente de Colombia. Pedro dice: “Esta no es la primera Feria del Libro a la que viene un presidente. Aquí estuvo Correa, cuando lo querían matar en su país, y no se armó este aparataje”. Del equipo que está con Mario en el museo, salen a buscarnos. Poco antes le habían dado paso a Pedro Antonio.

En el museo, están Mario Bellatín, parte del equipo de protocolo, tres escritores colombianos y alguna persona más. Diez minutos más tarde, Fari Rosario, encargado de las conferencias magistrales, anuncia que la actividad se pospondrá para otro día, probablemente el domingo. Fari también presentó la conferencia magistral de Mempo Giardinelli. De ese encuentro recordé que la nostalgia no es buena aliada. Tenía la sensación que años atrás me despertó su novela Luna Caliente. Ahora me pareció un señor pretencioso, que no tenía nada que decir. Un escritor invitado lo resumió: “Entre cenar con Mempo o ir a comer empanadas, prefiero las empanadas”. Es sábado en la noche. Miguel y Mario Bellatín narran en el Parque Rosado parte de su travesía en un club español que es fanático de Franco en Santiago. La poeta gallega, Yolanda Castaños, lo definiría como un “No lugar”, cuando escuchaba las anécdotas. Un par de poetas insistían en tomarse fotos con Mario. Y ante la insistencia de estar con la cámara del celular en todo momento, me dio para preguntarme sobre espectáculos, las poses y el espíritu instagramer. Al final, ni siquiera en el lugar donde surgen las críticas o la consciencia del absurdo hay una zona libre de Instagram, los selfies o la necesidad de decir “Mírennos, estamos viviendo”. Recuerdo las conversaciones con una profesora en Washington, ella diciéndole a un grupo de estudiantes adolescentes que se concentraran en vivir el momento más que en capturar un recuerdo. Y pasa como con algunas críticas a la Feria. Insisten tanto en que es un desorden, que no hay libros o que no hay actividades, mientras en la calle Las damas, las librerías tratan de vender sus ejemplares y los pabellones se esfuerzan por atraer público. En un hilo de twitter, un usuario le escribió a la periodista Argénida Romero, que él había decidido no ir porque era un desorden anunciado. En una mesa en la que teníamos alrededor de veinte ejemplares distintos, una amiga se quejaba de que en la Feria no había libros. Otra cargaba una bolsa con la narrativa completa de Borges. Entonces, es cierto, hay mucho desorden, por razones distintas. También es real que hay menos libros y librerías que en otras ocasiones, pero hay. Incluso bajo la lluvia aparece un libro de Martín Adán, Casas De Cartón, en el stand de Huerga Y Fierro. Basilio Belliard, Juan Fredy Armando y otros recurrentes de la escena local hurgan entre los volúmenes de la editorial. La vendedora del stand me lee un fragmento de Casas De Cartón. Mario y Miguel regresan, estamos de camino a almorzar. Otra vez Miguel y yo nos reímos ante la expectativa de la firma de libros de Bellatín. Tampoco entonces intuimos el desastre empujado por Últimos Monstruos.

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Crónica II- La FIL, Para Enseñar A Besar La Tierra Firme

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Escrito por Belíe Beltrán

El domingo las calles mantenían huellas de la lluvia nocturna. La zona cercana a la Fortaleza Ozama arrancaba la jornada con camiones que iban y volvían, gente cargando faldones de agua o Frank Ceara parado en la acera como si esperara la llegada de Francis Drake en cualquier momento. Dentro de la fortaleza, una coordinadora se comía un guineo maduro, esperando iniciar la reunión.

Fuera, todavía se comentaba que Riccie Oriach no cantó Prima Tecata en su concierto de la noche. Llegaban como un sonsonete de lluvia los retazos virales de un poema que hablaba de prender chispas y de revolución. Son las nueve de la mañana y todos los celulares de todo el mundo han timbrado, notificado y armado su narrativa. Definitivamente, la Feria contradice las voces de quienes dicen que no pasa nada. En la calle El Conde se mezclan escritores de La Romana y de Puerto Plata. Hablan de publicar en redes para mantener la vigencia, de visitar las provincias y de escribir: Los escritores siempre hablan de lo mismo. Qué leen, que escriben y dónde hay alcohol.

Yaissa Jiménez junto a quienes participaron en su taller Cuerpo-slam: el Caribe y su natural slam.

Yaissa Jiménez junto a quienes participaron en su taller Cuerpo-slam: el Caribe y su natural slam.

La FIL se convierte en el caldo de cultivo de unas criaturas encerradas que salen a comerse el mundo. Horas más tarde le diré a Rey Andújar, cerca de un restaurante que suena a Arjona: “Como si la literatura le importara a alguien”. Él se reirá, dirá de mi humor negro y hará la presentación con Andrés, un narrador En Espacio Joven, Erick Mota, le cuenta a una estudiante de sociales, por qué hace ficción especulativa. Ella cita un artículo en el que el narrador dice “en Cuba no hay elfos”. Cuenta de la tradición Yoruba, mezclándose con inteligencia artificial y todas las posibilidades que lo Cyber Punk puede tener con los ritos caribeños. Y pienso que sí, que tiene razón. A la larga, da igual que sea una dominicana graduada del MIT o un ingeniero de INTEC, hay unas corrientes de santería y espiritismo en el lenguaje. Existe este determinismo cotidiano en la lengua. Sin importar el credo, aquí solo dios sabe. Y mientras, Erick dice: “Mi abuela era médium”. O sea, servía de vehículo a los santos en los candomblés. Entre tanto, ese determinismo se cuaja con el nihilismo isleño. Alexéi Tellerías lo resume cuando le cuenta en la tarde a dos ciegas que lo ven con admiración: “Los dominicanos inventamos el Deja Eso Así”. Y al devocionario del caribe se le ha unido la resignación. La Feria arrastra este aire de, “por lo menos tenemos feria”. Y quiero sumarle al “Deja eso así” de Alexéi. Digo que el nihilismo dominicano se resume en: “Total, mierda to”. Erick concluye su conferencia. Previo a él, Yaissa Jiménez había dicho en un taller de Poetry Slam, que todos en el Caribe tenemos gestos que son poemas. Torció la boca, encogió los hombros y enseñó a un ex viajero en yola cómo se besa la tierra en un escenario: Como si a alguien que miró el Mar Caribe a los ojos, hay que enseñarle a besar la tierra firme.

Yaíssa Jiménez junto a parte del equipo de Espacio joven. 

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Crónica I. Llegó La FIL Como Un ladrón EN La Noche

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Y tras dos años  larguísimos sin Feria del Libro, por fin llegó. Para muchos este es el único espacio cultural de gran alcance en el que se puede compartir y convivir con las letras y sus autores.

Desde el sábado me instalé en el espacio ferial.  La Zona Colonial estaba llena de gente que iba y venía con preguntas, martillos, materiales de construcción y mucha incertidumbre.

Entre la lluvia de los días anteriores, la necesidad de que las cosas salgan a tiempo y los baches típicos de los grandes eventos, empezaron las actividades. Algunas, por una razón y otra, no iniciaron.

Con todo, las calles coloniales tenían una corriente electrizante de gente que repetía:

“Coño, loco, cuánto tiempo”.

Esa expresión podría definir las primeras horas, las cervezas en la tarde. escritores que tenían años viniendo a esta feria, nuevos autores, lectores del país entero que aparecían entre los parques y restaurantes.

La tarde del sábado se fue en un visto y no visto. Conversaciones con un novelista haitiano que promete entre cervezas mandar su novela. Dos cubanos que pasan a la velocidad de la Luz por la ficción especulativa y la calentura que despierta una francomacorisana que se para de la mesa para ir a masturbarse de un pronto al baño más cercano.

Voy por tres cervezas. Llega un poeta de Cutupú, un narrador de mini ficciones y un lector que atina a tomar las fotos que definirán esa jornada. ¡Qué estás escribiendo? ¿Qué estás leyendo? Se repite cada nuevo abrazo, apretón de manos, ronda de cerveza.

La francomacorisana explica que para contar sus vivencias con el sexo anal necesitaría otro día. Cuenta su relación con el dolor, lo animal que se siente cuando el gimnasio le hace doler las piernas y tiene sexo.

Me pregunto qué tan equivocada estará realmente Tokischa cuando canta “Yo soy una perra en calor y estoy buscando a un perro pa’ quedarnos pegao”. La francomacorisana va por esa dirección, los cubanos dan un vistazo a sus definiciones de la sexualidad.

 Parece que la poeta tendría  razón ocho horas más tarde. Cuando hablara de tetas,afro, trans, resumiría las conversaciones de quienes leen y escriben.

Sin ella haber estado en aquel inicio de feria, concentraría en un solo clip el incendio que arrastran quienes toman la palabra. Y así, empezó la XXIV Feria Internacional del Libro, entre críticas por los stands a medio construir, las actividades pospuestas y la gazmoñería enquistadas en quienes ni leen ni entienden que los escritores y artistas no escriben al ritmo que les toquen las expectativas: ese es rol de  la moral, no del arte, no de la vida que está al otro lado de las pantallas. Oh

Las siguientes Fotos son Cortesía de Argénida Romero

Stands vacíos en Feria del Libro
Stands vacío en Feria del Libro
Stands en Feria del Libro
Stand La pereza editores – Amargord
Escenario en Feria del Libro 2022
Visitantes con Libro en Feria del Libro
Escenario y presentadores en Feria del Libro 2022